El consejo del Levante está seguro de que el crédito puede rondar los 35 millones
La paciencia se estira diez días. No más. La plantilla del Levante ha
fijado como límite el encuentro que se tiene que disputar dentro de dos
jornadas frente al Getafe para empezar a cobrar, al menos, una parte
importante de la deuda que la entidad mantiene con los jugadores y
cuerpo técnico desde la temporada pasada. Si el 21 de este mes el club
no les ha ingresado un buen puñado de euros, los jugadores tomarán
cualquier medida que, lógicamente dentro de la legalidad, esté en sus
manos.
Parece que la cosa va más en serio que nunca, tanto por parte de la
plantilla como por parte del consejo. Los jugadores, en su caso, han
dicho basta y después de escuchar en innumerables ocasiones a lo largo
de la temporada la famosa frase: "dentro de un par de semanas estará
todo claro", ahora han extremado su postura porque saben que el final
de curso está a la vuelta de la esquina y 31 de julio debe quedar
despejada la amenaza de descenso administrativo. El deportivo, por
cierto, puede quedar certificado este domingo ante el Betis si el
equipo pierde y gana el Recre. En lo que se refiere a la directiva,
después de la reunión del miércoles con el Ayuntamiento y la decidida
intervención política para mediar en la concesión de un crédito
hipotecario, se respira un fundado optimismo.
Hay que tener en cuenta que el consejo está plenamente convencido
de que con la tasación efectuada del estadio como bien inmueble (y
teniendo en cuenta el empujón municipal), el crédito que se va a
solicitar hoy mismo (Romero tiene la primera reunión con un banco)
puede solventar casi todos los problemas. No sería, curiosamente, la
primera vez que el club efectúa una operación bancaria poniendo como
garantía su propio estadio.
Los directivos creen que el préstamo que se obtendrá puede incluso
superar los 35 millones de euros. La tasación del Ciudad de Valencia y
los 30.000 metros cuadrados de derechos de edificabilidad de uso
terciario que tiene rondarían más o menos los 50 millones de euros. Por
una cifra un poco superior se vendió hace unos pocos años la misma
superficie en la zona terciaria de Orriols. Ahora bien, con la crisis
actual y con la prudencia bancaria que hay, la intervención del
Ayuntamiento y su recalificación en uso residencial a medio plazo
resultan decisivas para salvar el agujero económico que arrastra la
entidad azulgrana.
Ayer, en Buñol, se habló más o menos de esto. Para empezar, los
jugadores consiguieron que el presidente y máximo accionista, Julio
Romero, acudiera a la Ciudad Deportiva para explicarles cara a cara los
avances conseguidos y sobre todo garantizarles que dentro de ese límite
de tiempo percibirían el primero de los plazos de la deuda. La figura
de Romero cuenta con una importante credibilidad dentro de la
plantilla, cuestión que ha ido adquiriendo consistencia en los últimos
meses, prácticamente desde que Villarroel fue poco a poco regateando la
caída en picado que ha experimentado el Levante.
Estuvieron presentes en el vestuario, en esa reunión con Romero que
se prolongó durante media hora, Gerardo González Movilla, presidente de
la AFE, y Borreguero y Arnanz, dos abogados del citado organismo.
Luego, cuando el presidente granota salió, futbolistas, cuerpo técnico
y los miembros de la AFE todavía permanecieron encerrados durante tres
cuartos de hora más, tiempo que emplearon para tocar infinidad de
puntos, estrategias a seguir y dudas: desde lo que significa entrar en
una ley concursal (no es el caso) hasta la opción de llegar incluso a
una huelga, pasando por la posibilidad de cobrar mediante pagarés
avalados por el propio banco, que es lo que el vestuario desea.
Desde luego, todos los que participaron coincidieron en haber
entrado en buena sintonía. Romero respiró tras su enésimo y espinoso
trago en el vestuario y los jugadores se frotan las manos pensando que
en un mes pueden haberse saldado ya un par de plazos de todo el paquete
de dinero que se les adeuda. La AFE, en este sentido, no hace
distinción entre jugadores afectados que ya no están en la plantilla ni
tampoco con los que no son españoles o los técnicos. Todos van en el
mismo paquete. Ahora, la duda es de qué forma se afrontarán los pagos
porque el club tiene que diseñar un orden de prioridades dentro de una
estrategia. Rubiales advierte al respecto: "La plantilla no puede
marcar la pauta a seguir pero sí nos queremos hacer escuchar. Hay que
ir de lo más urgente a lo menos".
Julio Romero se dispone a entrar en el vestuario de la Ciudad Deportiva de Buñol seguido por De Biasi y el resto de técnicos.
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